Hola compañeros mi nombre es Gustavo y soy neurótico.

Agradezco el servicio que me regalan y la oportunidad de ponerme bien.

Para dar inicio a una junta más de recuperación del grupo “Neuróticos Anónimos en Línea” es sugerido empezar con unos momentos de meditación, en mi caso para ponerme en disposición de un poder superior Cómo yo lo concibo para poder escuchar con mente alerta, con humildad y tolerancia. Para hacer uso de la tribuna sacando mi emoción, escuchándome, SIN DEPENDER, comentar mi diario vivir y tocar mi historial.

La tribuna es un elemento importante en mi recuperación por esta razón no hacemos tribunas cruzadas y si algo me movió no hago dialogo. La orientación sexual no es un problema para nosotros, lo que sí es problema es la neurosis.

ENUNCIADO

Neuróticos Anónimos es una agrupación de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza de poder resolver sus problemas emocionales y ayudar a otros a recuperarse de la Neurosis.

El único requisito para ser miembro de Neuróticos Anónimos es tener el deseo de alcanzar la tranquilidad. Para ser miembro de Neuróticos Anónimos no se pagan derechos ni cuotas, nos mantenemos con nuestras propias contribuciones voluntarias.

Neuróticos Anónimos no pertenece a ninguna secta religiosa, ni política, ni organización o institución alguna; no desea intervenir en ninguna controversia ni apoya o combate otras causas.

Nuestro fin primordial es mantener nuestra estabilidad emocional y ayudar a otros a alcanzar el estado de tranquilidad.

AUTONOMIA

  • Respeto absoluto .
  • Las tribunas no se comentan.
  • Para poder apadrinar ,sugeridamente hay que escuchar al ahijado en tribuna,

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Segunda Tradición AA

“Para el propósito de nuestro grupo solo existe una autoridad fundamental: un Dios amoroso tal como se exprese en la conciencia de nuestros grupos.

Nuestros líderes no son más que servidores de confianza; no gobiernan”.

¿De dónde obtiene A.A. su orientación? ¿Quién lo dirige? Esto también puede parecer enigmático a todos los amigos y recién llegados. Cuando se les dice que nuestra Sociedad no tiene un presidente con autoridad para gobernarla, ni un tesorero que pueda exigir el pago de cuotas, ni una junta de directores que pueda arrojar a las tinieblas exteriores a un miembro descarriado – que de hecho ningún A.A. puede dar una orden a otro ni imponer obediencia – nuestros amigos se quedan asombrados y exclaman, “Esto no puede ser. Tiene que haber una trampa en alguna parte”. Luego, al leer la Segunda Tradición, esta gente de sentido práctica descubre que en A.A. la única autoridad es un Dios amoroso tal como se exprese en la conciencia de grupo. Con escepticismo preguntan al miembro experimentado de A.A. si esto realmente puede funcionar así. El miembro, cuerdo según parece, les responde enseguida, “Sí. Sin duda es así”. Los amigos mascullan que esto les parece vago, nebuloso y algo ingenuo. Luego empiezan a observarnos con ojos especulativos, aprenden algo de la historia de A.A., y pronto tienen los hechos concretos.

¿Cuáles son estos hechos, estas realidades de la vida de A.A. que nos llevaron a adoptar este principio que a primera vista parece tan poco práctico?

Fulano de tal, un buen A.A., se traslada, digamos, a Villanueva. Ahora solo, considera la posibilidad de que, tal vez, no pueda mantenerse sobrio, ni siquiera vivo, si no trasmite a otros alcohólicos lo que tan desinteresadamente se le dio a él. Siente un apremio espiritual y ético, porque puede haber a su alcance centenares de alcohólicos que sufren. Además, echa de menos su grupo base. Necesita a otros alcohólicos tanto como ellos le necesitan a él. Visita a clérigos, médicos, periodistas, policías, y taberneros… y como consecuencia, Villanueva tiene ahora un grupo, y él es el fundador.

Por ser el fundador, al principio él es el jefe. ¿Quién otro podría serlo? Pero muy pronto, la autoridad que ha asumido para dirigirlo todo empieza a ser compartida con los primeros alcohólicos a quienes ayudó. En este momento el benigno dictador se convierte en el presidente de un comité compuesto por sus amigos. Ellos constituyen la jerarquía de servicio del grupo en su período de formación – jerarquía autonombrada, por supuesto, porque no hay otra alternativa. En cuestión de unos pocos meses, A.A. florece en Villanueva.

El fundador y sus amigos canalizan la espiritualidad hacia los nuevos miembros, alquilan los locales, hacen los arreglos necesarios con los hospitales, y piden a sus esposas que preparen litros y litros de café. Como todo ser humano, pude que el fundador y sus amigos se dejen acariciar un poco por la gloria. Comentan entre sí, “Quizás sería una buena idea que siguiéramos dirigiendo con mano firme Alcohólicos Anónimos en este pueblo. Después de todo, tenemos más experiencia. Y mira el bien que les hemos hecho a estos borrachos. Deberían estar agradecidos”. Es cierto que a veces los fundadores y sus amigos son más sabios y más humildes. Pero muy a menudo en esta etapa no lo son.

Ahora el grupo se ve acosado por los dolores de crecimiento. Los mendigos mendigan. Los solitarios buscan pareja. Los problemas les inundan como una avalancha. Aun más importante, se oyen rumores en el seno del grupo que se convierten en un clamor: “¿Se creen estos viejos que van a dirigir el grupo para siempre? ¡Hagamos una elección!” El fundador y sus amigos se sienten dolidos y deprimidos. Van de crisis en crisis y de miembro a miembro, suplicando; pero no sirve de nada, la revolución ha comenzado. La conciencia de grupo está a punto de tomar las riendas.

Ahora se celebran las elecciones. Si el fundador y sus amigos han sido buenos servidores, puede que – para su gran sorpresa – sean reelegidos por un período de tiempo. Pero si se han opuesto enconadamente a la creciente ola de democracia, puede que se encuentran sumariamente depuestos. En cualquier caso, el grupo ahora tiene un llamado comité rotativo, con autoridad estrictamente limitada. Los miembros componentes no pueden bajo ningún concepto gobernar o dirigir el grupo. Son servidores. Suyo es el a veces ingrato privilegio de atender a las tareas del grupo. Presidido por un coordinador, el comité se encarga de las relaciones públicas y de hacer los preparativos para celebrar las reuniones. El tesorero, que tiene que rendir cuentas ante el grupo, recoge el dinero que se echa al pasar el sombrero, lo lleva al banco, paga el alquiler y otros gastos, y presenta un informa regularmente en las reuniones de negocios del grupo. El secretario procura que la literatura esté expuesta en las mesas y que se atiendan las llamadas telefónicas, contesta la correspondencia, y envía por correo los avisos para anunciar las reuniones. Estos son los sencillos servicios que le permiten funcionar al grupo. El comité no da consejos espirituales, no juzga la conducta de nadie, y no da órdenes. Si intentan hacerlo, todos pueden ser eliminados en las próximas elecciones. Y así hacen el tardío descubrimiento de que en realidad son servidores y no senadores. Estas son experiencias universales. De esta manera, por todo A.A., la conciencia de grupo decreta las condiciones bajo las cuales deben servir sus líderes.

Esto nos conduce directamente a la pregunta “‘Tiene A.A. una verdadera dirección?” La respuesta es un rotundo “Sí, a pesar de la aparente falta de la misma”. Volvamos a considerar al depuesto fundador y a sus amigos. ¿Qué va a ser de ellos? Según se les pasa su pena y su inquietud, empieza una transformación sutil. Con el tiempo acaban dividiéndose en dos clases conocidas en la jerga de A.A. como “ancianos estadistas” y “viejos resentidos”. El anciano estadista es el que ve lo sabia que es la decisión del grupo, que no siente ningún rencor al verse reducido a una posición menos importante, cuyo criterio, maduro por una larga experiencia, es equilibrado, y que está dispuesto a quedarse al margen, esperando pacientemente el desarrollo de los acontecimientos. El viejo resentido es el que está tan firmemente convencido de que el grupo no puede funcionar sin él, que intriga constantemente para ser reelegido, y que sigue consumido por la lástima de sí mismo. Unos pocos llegan a estar tan consumidos por el resentimiento que – despojados del espíritu y los principios de A.A. – acaban emborrachándose. A veces el paisaje de A.A. parece estar repleto de estas figuras resentidas. Casi todos los veteranos de nuestra sociedad han pasado en alguna medida por esta fase. Afortunadamente, la mayoría de ellos sobreviven y se convierten en viejos estadistas. Llegan a constituir la verdadera y permanente dirección de A.A. Suyas son las opiniones calmadas, los conocimientos seguros y los ejemplos humildes que resuelven las crisis. Cuando el grupo se encuentra indeciso y confuso, invariablemente acude a ellos para pedir consejo. Llegan a ser la voz de la conciencia de grupo; de hecho, son la verdadera voz de Alcohólicos Anónimos. No dirigen por mandato; guían con su ejemplo. Esta es la experiencia que nos ha llevado a la conclusión de que nuestra conciencia de grupo, bien aconsejada por los ancianos, será a la larga más sabia que cualquier líder individual.

Avisos:

Como se había acordado en la junta de trabajo se les pide una septima  de buena voluntad para pagar los dominios de multiply. Suc.343 Cta. 1262257 Banamex número de tarjeta 5204 1642 4361 1693 cuenta banamex perfiles. Se puede depositar en el número de tarjeta o de la cuenta.
Quien guste participar .

Tambien se les pide compartir en el blog
http://www.neuroticosanonimosenlinea.com/

YO  SOY  RESPONSABLE

CUANDO CUALQUIERA,

DONDE QUIERA

EXTIENDA SU MANO

PIDIENDO AYUDA

QUIERO QUE LA MANO

DE  NA

SIEMPRE ESTE AHÍ

Y POR ESO

YO SOY RESPONSABLE

La tribuna está disponible, “Sé Honest@, Habla de ti”.