Hola,  mi nombre es Héctor y soy Neurótico.

Una de las cosas que me hicieron llegar a un grupo de Neuróticos Anónimos, fueron los celos.

Los celos son locura, no son sinónimo de amor

Desde niño escuché, y así yo lo aprendí, que los celos son una manifestación de amor, que no puede haber amor sin celos, y desde temprana edad comencé a sentir esta sensación con mi madre, cuando le dedicaba tiempo a mis hermanas, o cuando hablaba de lo bonito que era Luis Miguel (el cantante), que en ese tiempo era un niño un poco más grande que yo. La primera vez que escuché a mi madre decir que era bonito, sin poderlo evitar sentí esa punzada en el estómago, y las lágrimas me brotaron. Sentí que odié a mi madre.

Más adelante estas manifestaciones se fueron haciendo más obvias, pero no fue hasta mi primer “relación seria” (apenas tenía unos 15 años) cuando comencé a tener serios problemas por este comportamiento.

Mis celos comenzaron cuando la que era mi novia, y que yo no sentía quererla mucho ni mucho menos, me comenzó a hablar de un amiguito con el que tenía algunas cosas en común. Cuando la escuchaba hablar de él sentía esa conocida sensación en el estomago, como si se me retorcieran las tripas, y me llenaba de un coraje inexplicable. Recuerdo que la primera vez que lo sentí con ella pensé: Ya me enamoré!!

Comencé a dudar de lo que decía, de lo que pensaba, de la gente que miraba o que la miraban en la calle. Cada salida con ella era un infierno, pues si había un segundo de silencio y le preguntaba, de forma muy tranquila al principio: ¿en qué piensas mi vida?, y luego ella me respondía que en NADA, mi mente era un torbellino de pensamientos, pensaba que seguramente estaba pensando en alguien más, porque de lo contrario, ¿por qué me mentiría? Tenía esa necesidad de que su mirada fuera sólo para mi, sus pensamientos, cada acto que ella realizara, y si se le ocurría voltear  hacía algún lado, yo seguía sus miradas y si en el camino había un chavo, yo ya no podía disfrutar nada. Recuerdo que me quedaba callado, muy enojado, y cuando ella me preguntaba qué era lo que me pasaba, sólo sentía que se burlaba de mi, y mi respuesta era agresiva o en silencio, ya no disfrtutábamos la salida, y lo peor sería llegando a casa.  Comenzaba por preguntarle qué era lo que estaba viendo cuando volteó -que locura-, en tal momento, a tal hora… y si ella me decía que nada, yo me ponía furioso, comenzaba a insultarla, le decía que sólo aceptara que había visto a alguien y ella lo negaba. Para entonces yo ya me sentía totalmente enfurecido y, en varias ocasiones, la llegué a lastimar físicamente, y con agresiones que no imaginaba de mi parte, tanto físicas como verbales. No la bajaba de puta, de ofrecida, de buscona…

Yo no había crecido de esa forma. Había en mi mente esa primera impresión de lo que los celos eran: amor. Pero había leído, había vuelto a escuchar que eso era de machos, de gente muy insegura de si misma, de tercermundo, de animales. Y lo aprendí bien, pero eso no bastó para que dejara de sentir eso en cada ocasión, actuaba de la misma manera una y otra vez, y aunque después de todo yo me sentía terriblemente mal, muy culpable, muy avergonzado, deprimido y muy arrepentido, y le rogaba perdón, y le juraba que no lo volvería a hacer, invariablemente volvía a hacerlo, algunas veces sólo con insultos, otras con maltratos y golpes, otras queriéndome vengar, y no encontraba el modo de empatar lo que sentía, con lo que yo sabía sobre cómo debería actuar, siempre fue más fuerte que yo y me llevó al grado de incluso quererme matar, pues el arrepentimiento era cada vez más fuerte, pero sin que lograra detenerme al momento de estarlo sintiendo.

Así fueron la mayoría de mis relaciones, lo que obviamente hacía que no duraran mucho pues la gente terminaba cansándose de mi manera de ser y me dejaban. Cuando llegué al grupo había encontrado a una pareja. Ella era muy alegre, extrovertida, con muchos amigos, y yo no quería que mis celos terminaran con esa relación. Yo no lo pude evitar.

Al principio fue sólo fingir. Ella me decía que una de las cosas que más le gustaba de mi era mi seguridad 😀 pero no era así. Cada salida, cada mirada, eran un infierno que yo intentaba disimular. Lo disfrazaba con dolores de cabeza, estando la mayor parte del tiempo algo alcoholizado. Luego fueron pastillas, las tomaba para “tranquilizarme” y no soltar mi lengua, que luchaba contra la poca cordura que me quedaba para no insultarla.

Fue una idea muy obsesiva, dejé de trabajar, casi de salir -porque salía a vigilarla a su trabajo, nada más- , comencé a drogarme con el pretexto de estar “relax” pero no podía parar todo lo que pensaba, los celos terribles que tenía. Me sentía en la locura.

Fue entonces cuando llegué a Neuróticos Anónimos. Ahí escuché que esta manifestación, los celos, son un síntoma de una enfermedad llamada Neurosis, pero que podía llegar a tener una vida útil y feliz. Aquí pude hablar de estas cosas, con gente que me entiende, que no me critica y que sobre todo, me da las herramientas que necesito para tener una vida más tranquila, con mi actual pareja y en general con la gente que me rodea.

El día de hoy, mi pareja no sufre de mis celos, y aunque en ocasiones sí llego a sentirlos, acá en el grupo puedo hablar de ellos y siempre hay algún compañero que me regala una experiencia, que me dan la ayuda que necesito y he podido por hoy, no hacerle ni hacerme la vida miserable que le dí a mis otras parejas.

Si tú sufres como yo, de alguno de los síntomas de la enfermedad emocional llamada Neurosis, te invito a que te des la oportunidad de conocernos. La ayuda es gratuita y totalmente voluntaria.

Gracias!